miércoles 26 de diciembre de 2007

Mom, those apes in my mind have been running amok again

"y las causas lo fueron cercando, cotidianas, invisibles,
y el azar se le iba enredando, poderoso, invencible"

Para que me tomen en serio, no revelaré la verdadera edad a la que me di cuenta de que algo tenían de cierto mis especulaciones, sino diré que sucedió alrededor de los 42 años, ya con algo de experiencia en los planos normales de la tierra. No que haya vivido en otros planos pero sí, cuando tenía 42 años fue la época en la que mi vista se hizo un poco más nítida y pude comprobar sin lugar a dudas, mi hipótesis de que entre mis botas blancas y azules Nike y la puerta de entrada de su casa en el Milagro, hay un hilo; no un hilo transparente y plástico, sino algo como un cordel de lana negra que une las cosas, que más bien parece un rayito láser.

Piensen en las antenas de frecuencias en su ciudad, o mejor, párense en un punto x, y si su ciudad es como por decir, Maracaibo (lo lamento un poco por las personas que viven en Ginebra), podrían pararse cerca de algún semáforo y a su alrededor, un poco más alto, ver muchas antenas. Ahora, lo que van a imaginar es que cada uno de esas antenas envía una señal, que esa señal es una cuerda y que hay un gigante que amarra la cuerda desde donde sale la señal hasta todos los lugares a los que llega la señal. Igual con el cableado de electricidad y teléfono.

Ahora, esas mismas señales también están no muchos centímetros por encima del suelo que ustedes están pisando en este momento, sin tener nada que ver con postes o con antenas; estos cables o señales, no los amarran gigantes, sino duendes, porque como todo el mundo sabe, un gigante en cuclillas es más alto que el promedio humano normal y éstas señales están a la altura, digamos, de los tobillos.

Se habrán dado cuenta, por ejemplo, que un día corriente de (llamémoslo) Josué León, podría ir así: se despierta tarde porque el despertador no suena a la hora que debía sonar, se levanta, se cepilla los dientes en la ducha, desayuna, se viste, sale a la calle, va a trabajar un rato a la sede de la revista, donde el artículo tenía que estar listo para ayer y aún faltan dos párrafos y hoy hubo writer’s block, pero igual luego a almorzar, y regresar un rato más a la revista, terminar el artículo, salir a caminar un rato en la tarde, ir al cine y encontrarse a Paz justo en la entrada del cine con la Paco y Lola, y elegir cotufas acarameladas en vez de saladas y luego perder el primer taxi, agarrar el que le seguía en cola, y llegar a la casa a acostarse un rato y leer. Hechos percibidos por cualquier visión 20/20 corriente.

De lo que probablemente no se han dado cuenta, es de que el mero hecho de cepillarse los dientes en la ducha hoy, que no es costumbre (sólo pasa algunos días cuando provoca hacerlo) fue un determinante fijo en una situación posterior.

La visión tradicional no se da cuenta de que está sucediendo, pero está sucediendo que esa particular forma de cepillarse los dientes es la que le está causando el bloqueo de escritor por las mañanas y ya no por las tardes. Ni siquiera se trata del movimiento al cepillarse, sino de “el hecho de”.

Los cordeles a los que antes me refería, sólo unen los artefactos, elementos, o las personas que ejecuten la acción y uno debe ser muy astuto para darse cuenta. Son pistas pequeñísimas, comprenden, pero una vez que ven el cordel, las pistas parecen un gavilán plantado en la acera del frente de la casa.

En retrospectiva… también aparecen los rayitos. Mirando hacia atrás me suceden cosas como recordar una noche de una discusión muy fea con mi hermano, y en el punto inicial de la pelea, el rayito titilando. Persigo el rayito más atrás más atrás más atrás y llego hasta el punto exacto de esa mañana en el que eché cereal en mi plato, luego me detuve, y eché un poco más.

Antes de los 42 años, jamás hubiera imaginado que el cereal fue el detonante de la discusión. Pero ahora, es sencillo, realmente. Funciona de la misma manera que cualquier señal común, solamente hay que desacostumbrarse a los nexos fáciles; es cuestión de agudizar la vista y dejar de cerrar los ojos en la ducha.

Así, mientras a una persona corriente se le escuchan decir cosas como “Pobre Julián, ¿supiste del accidente que tuvo? Esta mañana apareció un pajarito muerto en la entrada de mi casa, yo sabía que algo malo iba a pasar” (rompecabezas demasiado simple de encajar); por el contrario, a una persona que ha dominado la técnica de seguir cordeles, se le escuchan comentarios que al menos para mí, resultan mucho más coherentes, como “Pero ¿has visto el chispazo que hizo esta mañana la tostadora? Apuesto a que hoy la tortuga se pierde de nuevo”.

domingo 16 de diciembre de 2007

111/ 112 / 121/ 211


“Si estamos lejos como un horizonte
Si allá quedaron árboles y cielo
Si cada noche es siempre alguna ausencia
Y cada despertar un desencuentro

Usted preguntará por qué cantamos”


- No todos los días son buenos
- No, no todos y los peores son esos que no sabes qué son ni cuándo son, que son grandes-montones-de-pasos-vagando-por-la-casa-preguntándote-qué-hacer suspendidos en el aire
- Y en esos días, a veces te sientes mejor
- A veces me acuerdo de él, a veces me acuerdo de Ziggy, pero nunca, nunca me he acordado que hay días mejores
- Te ayuda acordarte del rock
- El rock, bueno, la música duele. Aunque más duele la ausencia de música y las fotos regadas por el cuarto a las que no puedes ponerle una voz feliz.Me acuerdo de todas las canciones que he querido tatuarme en la piel y me acuesto en mi cama a imaginar que las llevo tatuadas y que suenan emergiendo de mí cuando alguien las lee
- ¿Y él?
- Él, entonces, no tiene espacio en mi tristeza hasta que vuelva
- ¿Qué pasa cuando vuelve?
- Me habla con una voz suave y repite mi nombre y me dice que me quiere. Pero nada dura para siempre y en algún momento deja de decirlo, no porque deje de sentirlo, sólo deja de hablar.
- ¿Y entonces?
- Regresa la soledad. Lo peor de estar enamorado es no hacerse el amor, así sea el amor con palabras. El recuerdo del mismo amor cuando estás dentro de él, es la segunda cosa que más duele.
- ¿Cuál es la primera?
- El amor mismo
- ¿Y la tercera? Si la hay…
- Cuando te das cuenta que eres humano y que no mereces un amor divino, y todo el sudor que cuesta lograr hacer perdurar el amor humano
- Pero la verdadera pregunta es, ¿vale la pena? ¿perdura el amor?
- No sé decirte. Uno lo intenta, ¿sabes? Y luego lo intenta, y luego lo intenta de nuevo. Si hay una cosa cierta en el amor es el esfuerzo, pero al final no es ningún esfuerzo.
- Es una contradicción entonces
- Bueno, si se te ocurre una manera de explicarlo mejor, dime…
- …
- Es como que… tu avión aterriza en su puerta, dando tumbos contra los peatones y los árboles y la acera pero justamente al frente de su puerta, y entonces lo ves. Y el aterrizaje no es ningún esfuerzo. Tampoco lo es hablar en metáforas, y escribir es una tarea más sencilla. Pero empieza a volver a doler el amor por sí mismo y ahora no puedes soltar su mano tres segundos sin creer que todo va a colapsar. No la puedes soltar, jamás. Y luego, pues, la sueltas.
- Y de repente ya nada vale la pena.
- No necesariamente. Lo importante es saber que no necesariamente. ¿Por qué debería valer más tu corazón ahogándose que tu corazón salvándose? Y si sientes que el instante en que estás muriendo por dejarlo va a ser eterno, ¿quién te dice que el momento en que lo amas no lo es?Que siempre valga la pena, incluso cuando miras tu mano que se torna necrótica al instante que se desprende de la suya.
- … ¿Y te acostumbras a eso? ¿al dolor?
- Es difícil acostumbrarse a algo en un solo día. Porque es una misma ocasión en repeat. Ningún día es lo mismo y todo te vuelve a pasar cada vez que amanece.
- El amor es una clave…
- Sí. Cuando él regresa nunca te acuerdas que vas a tener que dejarlo, hasta que tienes que dejarlo, aunque sea para dormir, ¿manyas? Y nada de lo que hayas podido aprender el día anterior realmente ayuda. Todos los días te toca inventarlo de nuevo.
- Y, ¿cómo hacen para vivir con eso?
- Por suerte somos creativos.
- ¿Y no se agotan?
- Para eso está Ziggy. Bueno, y John.